Algunas personas que vienen a las sesiones para dejar de fumar expresan “yo es que tengo que dejar de fumar”. Algunas movidas por la salud, otras por orgullo, otras por cuestión económica. Lo que quiero destacar es que dicen “Tengo que”.
Se autoimponen la obligación de dejar de fumar, porque consideran que su motivación es de máxima importancia y así lo deciden. Sin embargo, en ocasiones, esta obligación autoimpuesta no concuerda con un deseo interno, es decir, hay dos partes de uno queriendo cosas distintas.
Hay personas que asocian fumar con ser una persona rebelde, o con momentos de placer, otras personas lo asocian con su poder de decisión (como la idea imperante social es que fumar es perjudicial o “malo”, quieren contrariar esa norma, o se sienten bien no acatándola).
El caso es que para conseguir dejar de fumar, si queremos que se mantenga en el tiempo necesitaremos algo más que una imposición. La imposición, obligación, “tengo que” puede servir durante un tiempo, pero tarde o temprano el deseo y las ideas ligadas a emociones de rebeldía, autodeterminación, placer… salen a la luz.
Invito a estas personas a que se orienten para querer y desear dejar de fumar, en lugar de tener que dejar de fumar. A tomar como aliada a la parte de su mente que es emocional, a cuestionar las ideas que tienen asociadas como positivas a fumar. Las emociones guían más nuestra vida que la parte racional e intelectual, por tanto es una manera eficiente de utilizar nuestras capacidades.
Por ejemplo, a personas que dicen que les gusta fumar, les invito a que cuestionen esta verdad. ¿Y si realmente no me gusta tanto? o personas que creen que hacen uso de su rebeldía fumando les invito a preguntarse ¿y si realmente cuando pienso que me rebelo en realidad estoy rindiéndome hacia el poder de la tabacalera? (esto es un ejercicio, se trata de preguntarse reiteradamente, para encontrar respuestas diferentes a las habituales, es normal que la primera respuesta que te venga sea la antigua).
Quizás te preguntas si te invito a engañarte porque piensas que verdaderamente te gusta fumar. Y si así lo piensas, seguramente así lo sea. No quiero luchar por tener razón, esto es una invitación a cuestionar lo que damos por hecho, de manera que puedas avanzar más ligera hacia conseguir tu objetivo: dejar de fumar.
La pretensión de este cuestionamiento es facilitar que tu parte emocional esté de tu parte en tu decisión final de dejar de fumar. En realidad, cualquier idea que nos hagamos es plausible, todas las opciones son viables (me gusta fumar, no me gusta: en unos momentos quizás si, en otros momentos seguramente no), y a lo que te invito es a que encuentres los espacios en tu mente para conseguir abandonar este hábito, que libremente quieres abandonar (si estás leyendo este texto). Encontrar espacios para recuperar tu poder personal, en lugar de dárselo a ideas que te dificultan vivir como verdaderamente deseas.